Debra Ilene Herrick

Contemporary Spanish Theater and Film/Dra. Alás-Brun

Primavera, 2005

                      

La libertad sexual femenina desde la perspectiva masculina en Belle Epoque

 

Es difícil negar el carácter nacional y cultural específicamente español en la película de 1992, Belle Epoque, dirigida por Fernando Trueba.  Llena de referencias históricas socio-políticas y alusiones literarias y culturales en el momento del desarrollo de trama, el año 1931—el precipicio de la Segunda República—la película da una aura de escenario histórico realista.  No obstante, la especie de nación y cultura, tanto política como artística, no se ubica en ningún momento histórico.   La representación de la libertad sexual femenina está ostensivamente ligada a los movimientos anarquistas y feministas de los años treinta, así como a la filosofía y doctrina republicana de amor libre y secularización.  Pero más que una representación realista de las actitudes y realidades de la libertad sexual femenina en el año 1931 o 1992, Belle Epoque es una trayectoria fantástica de la imaginación masculina y la posición provechosa de la libertad sexual femenina.   

El argumento de que la representación de la libertad sexual femenina de Belle Epoque corresponde temáticamente y visualmente con una perspectiva masculina y heterosexual no parece contradecir las intenciones de Trueba, ya que, en sus propias palabras, “We chose this short period of agitation and freedom in Spain’s history because it was perfect background for Fernando’s story” (Jordan 150).  Es decir, es una historia ahistórica[1], una idealización heliocéntrica en la cual el héroe central es rodeado por cuatro mujeres bellas, y la fuerza gravitacional es el deseo sexual.   Uno se pregunta: ¿Qué es la fantasía masculina (universal) de la sexualidad femenina liberada? y ¿cómo se crea esa fantasía cinematográficamente?

Desde su comienzo la película establece su perspectiva masculina.  Los títulos declaran a Fernando como el protagonista principal.   La imposición simbólica de su falo se introduce cuando éste aparece por primera vez en la pantalla con los pantalones bajados y se afirma cuando el joven guardia civil decapita al patriarca de su familia y mata en parricidio al otro guardia, su suegro.  Después de que el joven guardia se suicide/se decapite, sube la subjetividad de nuestro héroe Fernando que retoma el enfoque de trama.  Pero después de tanta amenaza simbólica de castración, ese falo tiene que afirmarse un poco; busca un prostíbulo donde se establece la mujer como un Otro (cuerpo sexualizado y artículo de consumo) y en donde la amistad creciente entre Fernando y don Manolo toma el primer plano.  La película se encuadra en esta amistad; las últimas líneas de la película dirigen la atención fuera de la relación hombre/mujer, de Fernando y Luz, y son declaraciones de la amistad profunda entre los dos hombres.   Esta amistad es quizás la única relación de poder equilibrada en Belle Epoque y es sumamente masculina y heterosexual (que se expone explícitamente cuando conversan sobre su heterosexualidad antes de  dormir juntos en la misma cama).   

Con la relación entre hombre y hombre ya establecida como la base narrativa de la película, entran las protagonistas femeninas, las hijas de don Manolo.  Dado que esas mujeres van a perseguir sus deseos sexuales agresivamente, hay que encerrarlas como objetos desde los primeros momentos en la película; es decir, para sostener el dominio  narrativo masculino las mujeres tienen que entrar en la película ya objetivizadas.  Llegan al campo en tren (un modo de transporte práctico pero también fálico) y se las ve bajar tras la fuerte mirada de Fernando.  La cinematografía y el sonido toman distancia, y el nivel óptico y auditivo de los ojos y oídos de Fernando.  En estos momentos iniciales, las hermanas no tienen subjetividades propias, más bien se colocan como objetos sexualizados por el deseo posesivo de la mirada de Fernando.        

 Por cierto, Belle Epoque demuestra una cierta libertad sexual femenina, pero no es feminista y tampoco anarquista.  La doctrina anarquista de los años treinta se oponía a la prostitución y al matrimonio (Cleminson 121).  De la prostitución Belle Epoque no hace una crítica, sino una aprobación evidente en las hermanas que sonrían, guardando la compostura, cuando se enteran de que Fernando y su padre han estado en el prostíbulo.  Todavía más ofensiva para el anarquismo es la aprobación masculina del prostíbulo como un club de caballeros donde los hombres toman alcohol y juegan a las cartas; en aquella casa los hombres compran el cuerpo femenino y abusan o habitan el dominio como si fueron los dueños.  El matrimonio es aprobado exhaustivamente; hay innumerable referencias al matrimonio como un acto necesario de la vida y hay un matrimonio entre Fernando y Luz al final de la película.  Sin embargo, la trama se centra en el deseo sexual de las cuatro hermanas y su seducción de Fernando, fuera de la institución del matrimonio. 

Disfrazado como soldada, Violeta seduce a Fernando, que está disfrazado como mujer.  Es una representación interna subversiva.  La inversión de género, travestismo, homosexualidad y amor libre culminan con la transferencia del falo simbólico—Violeta toma y sopla la corneta de Fernando.  Pero se diminuye su potencialidad subversiva de varias formas externas.  Primero, dicho evento ocurre en un carnaval, un contexto predispuesto a la parodia.  Segundo, la relación se mantiene  heterosexual; ella se viste como hombre y él como mujer, pero todavía hay un cuerpo femenino y un cuerpo masculino.  Tercero, Fernando pide a don Manolo casarse con Violeta.  Se  respetan las leyes tradicionales de casarse después (o preferible antes) de la copulación y de pedir que el padre pase la hija al próximo hombre.   Además, saca otra vez aquella amistad masculina al primer plano, dominando la relación entre hombre y mujer.

Al final, Belle Epoque crea una fantasía masculina en la cual el protagonista central es el objeto del deseo femenino, aprovecha y realiza relaciones sexuales apasionantes fuera de la institución de matrimonio y cumple con los deberes sociales—se  casa con una mujer joven y virgen.  La pasión, el deseo, la rebeldía y la libertad sexual de las hermanas crean una tensión excitante interna que tras la narrativa masculina heterosexual apoya la estructura patriarcal en una forma normativa y ordinaria.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nota

 

1  Barry Jordan presenta un argumento bien expuesto del aspecto ahistórico de Belle Epoque en su artículo “Refiguring the Past in Post-Franco Film: Fernando Trueba’s Belle Epoque”.

Obras citadas

Belle Epoque.  Dir.  Fernando Trueba.  Sony Pictures Classics,  1992.  

Cleminson, Richard. “Beyond Tradition and ‘Modernity’: The Cultural and Sexual    

Politics of Spanish Anarchism”.  Spanish Cultural Studies.  Comps.  Helen Graham y Jo Labanyi.  Oxford: Oxford UP,  1995.  116-124.

Jordan, Barry.  “Refiguring the Past in the Post-Franco Fiction Film: Fernando Trueba's

Belle Epoque”.  Bulletin of Hispanic Studies  76.1  (1999):  139-156.